- ¿Hay que llevar el pelo largo para ser rockero?
- ¿Hay que pintarse la cara para ser rockero?
- ¿Hay que llevar guantes de cuero para ser rockero?
- ¿Hay que llevar tachuelas para ser rockero?
- ¿Hay que vestir pantalones de cuero para ser rockero?
- ¿Hay que leer a Tolkien para ser rockero?
- ¿Hay que saber dónde vivían los Hobbits para ser rockero?
- ¿Hay que destrozar habitaciones de hotel para ser rockero?
- ¿Hay que tirar televisores por la ventana para ser rockero?
- ¿Hay que despreciar a Lou Reed para ser rockero?
- ¿Hay que realizar movimientos acrobáticos para ser rockero?
- ¿Hay que filosofar sobre la música para ser rockero?
- ¿Hay que tocar solo instrumentos ‘cool’ para ser rockero?
- ¿Hay que aprender a ‘tocar’ el theremin para ser rockero?
- ¿Hay que tocar con un arco de violín la guitarra para ser rockero?
- ¿Hay que mantener una pose durante la actuación para ser rockero?
- ¿Hay que emplear gestos ‘demagógicos’ hacia el público para ser rockero?
- ¿Hay que romper instrumentos para ser rockero?
- ¿Hay que tatuarse para ser rockero?
- ¿Hay que tener un logo ‘guay’ para ser rockero?
- ¿Hay que suicidarse para ser rockero?
Anoche quedé gratamente sorprendido tras escuchar la acertadísima crítica de Iñaki Gabilondo a la masiva obsesión con la pandémica Gripe A. El discurso de Gabilondo fue el siguiente:
“La Gripe A se propaga mucho más despacio que la paranoia por la Gripe A. Y así como contra la Gripe A están los fármacos, contra la paranoia por la Gripe A están los datos, la experiencia histórica y el cinismo. Utilicemos, pues, estas tres herramientas para contribuir a calmar un poquito al personal. Primera, los datos: hasta el momento han muerto en España veintiuna personas. Lo sabemos todos. Lo que no sabemos todos es que se han contagiado y se han curado perfectamente casi cincuenta mil. Segunda, la experiencia histórica: como los pronósticos a veces fallan, como los pesimistas también se equivocan y como las autoridades sanitarias tienen que ponerse en lo peor, se han dado en el pasado grandes alarmas que quedaron en apenas nada. La Organización Mundial de la Salud vaticinó en el año dos mil cinco que la gripe aviar podría cobrarse siete millones y medio de vidas. Siete millones y medio… y murieron doscientas setenta y dos personas. Tercera herramienta, el cinismo: o, si ustedes lo prefieren, la lucidez. Las grandes olas de inquietud sanitaria han solido ir acompañadas de colosales y lucrativas maniobras económicas en la oscuridad. Para combatir esa gripe aviar que quedó en nada en el año dos mil cinco, el Gobierno Bush pagó mil doscientos millones de dólares a una empresa farmacéutica. Una empresa farmacéutica de la que había sido presidente Donald Rumsfeld hasta que Bush le fichó como Secretario de Defensa. Una casualidad, naturalmente. Así que, tomemos precauciones pero no perdamos la cabeza. Puede que dentro de unos meses las cosas sean diferentes, pero hoy por hoy la enfermedad de la Gripe A está siendo menos peligrosa que la paranoia por la Gripe A. Y una última consideración: el año pasado murieron dos millones de niños por diarrea y otros dos millones por malaria. Eso sí, en la parte invisible de nuestro mundo. Buenas noches.”
No podría estar más de acuerdo con señor Gabilondo. Además agregaría a sus tres herramientas otra más:
Cuarta, la crisis: Por si lo hemos olvidado, contamos con otra enfermedad más amenazante y que se cobra víctimas día a día. Ésta afección ya ha acabado con tres millones quinientos mil empleos hasta la fecha ¿Qué es más nocivo para una persona, la imposibilidad de conseguir un sueldo que le permita sobrevivir, o la posibilidad de contraer una enfermedad que mata a veintiuna personas de cada cincuenta mil?
El gran cuasi nos amenaza de nuevo…
Inglorious basterds, mejor dicho, Malditos bastardos, mejor dicho, la cuarta moto que nos vende Quentin Tarantino.
Y es que el amigo Quentin ya no es el de antes, y se le ve el plumero desde hace ya unos añitos cuando todo el mundo quedó horrorizado por su sangrienta Kill Bill: Volúmen I. Yo quedé horrorizado al comprobar que, efectivamente, en los títulos de crédito aparecía como “Una película de Quentin Tarantino”…
Desde Kill Bill se ha convertido en un director de moda, obsequiado con una legión de fans del gore que no han oído hablar de Reservoir Dogs, sólo de tomatinas.
¿Y qué es Reservoir Dogs? Pues Reservoir Dogs es la película debut de nuestro joven Quentin Tarantino, exceptuando My best friend’s birthday, la cual fue destruida tras un incendio. En este film ya hacía gala de los atributos que marcarían sus tres primeras películas, hasta el cambio de rumbo en la fatídica Kill Bill; Diálogos perfectos, ritmo en la trama, personajes con una profundidad espeluznante, violencia con humor, drogas con humor, sexo con humor, humor negro, humor a secas.
Un grupo de atracadores cuyos planes se tuercen al ser descubiertos por la policía en pleno robo, comienzan a desconfiar unos de otros al sospechar que hay un soplón dentro del grupo… simple pero efectiva.
Este film le reportó un reconocimiento underground y la licencia para contratar a actorazos del nivel de Samuel L. Jackson, Bruce Willis y un Travolta en horas bajas para su ópera prima Pulp Fiction.
Esta es para mí la película de Tarantino, son los actores de una película de Tarantino y son las escenas de una película de Tarantino. Que queréis que os diga es, probablemente, mi película favorita.
Después Tarantino nos sorprendió con un film más sencillo y común en lo que a trama respecta, y con menos diálogos y escenas memorables, pero las hay.
Jackie Brown es una exhibición de Samuel L. Jackson y De Niro, ni más ni menos.
Y a partir de aquí Tarantino deja el cine y se dedica a la venta de vehículos a motor, concretamente motos.
Kill Bill posee un motor potente, pero los engranajes y determinadas salidas de pista no terminan de convencer, y sólo está disponible en un amarillo chillón que desvirtúa la elegancia gángster de los anteriores trajes en blanco y negro.
¿Que no es una mala película? Pues es cierto, no es una mala película, pero tampoco es una buena película, ni mucho menos una película del mismo director que parió obras como las ya citadas. Es una película entretenida por la cantidad de acción que contiene, pero es que las anteriores entretenían con escenas y diálogos geniales y ésta lo hace con tomate chino… perdón, japonés…
¿Su segunda parte? Cortada por el mismo patrón que la primera, aunque sustituye el tomate japonés por un clásico Spaghetti western, lo cual se agradece. También es obligado destacar a un gran David Carradine, descanse en paz dicho sea de paso, el cual eleva la película un nivel por encima de su predecesora.
Resuelta la venganza de la novia, Tarantino nos presenta un homenaje a las películas de serie B junto a su colega Rodríguez. Ciertamente la película tiene gancho, y sus primeros minutos me hicieron dudar sobre si Tarantino había, al fin, encontrado de nuevo la fórmula con la que nos maravilló a todos… pero no.
Se nos presenta una historia que cumplía todos los requisitos; personajes con encanto, buenos diálogos… pero no eran más que el espejismo que termina tras el accidente de el primer grupo de chicas, a partir de ahí la película se estanca y Death Proof no pasa de ser las 500 millas de indianápolis llevadas al cine, con el consecuente coñazo.
Cuando leí que Tarantino se proponía hacer una película sobre la Segunda Guerra Mundial ya me temía lo peor, y sólo con ver el trailer se ha confirmado; otra película que no es de Tarantino, venga firmada por quien venga firmada. No contiene ninguna de las señas de identidad que hiceron grande a su cine, y que Pulp Fiction conjugó en su mejor expresión.
Vuelva al camino señor Tarantino, por favor, déjese de relatos históricos, de novias cadáveres y de carreras de coches, dedíquese a lo suyo, historias de la calle como puede ser un atraco, tíos duros y carismáticos como Vincent Vega, tomas desde maleteros, diálogos sobre Madonna, sobre Ak’s-45, o sobre un puto Cuarto de libra con queso.
No intente ser más profundo, o más sangriento, o más gracioso, sea usted mismo… sea…
¡Sea Quentin Tarantino por el amor de Dios!
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